Ayer en el Vicente Calderón se volvió a vivir otra noche mágica protagonizada por la banda londinense Coldplay. Los ingleses ya se pasaron por la capital de España el pasado octubre para presentar al mundo su nuevo disco en un directo que también maravilló a sus asistentes. Pero ayer se superaron. A ello contribuyó, entre otras cosas, que su último trabajo ya había sido digerido por los fans, que coreaban las nuevas canciones tanto como los temas más famosos; que nos dejaron veinte minutos más de espectáculo respecto a Las Ventas y que la capacidad del coliseo rojiblanco era mucho mayor que la plaza de toros madrileña, lo que que hizo más épico y espectacular el concierto. Eran las diez de la noche cuando Chris Martin y los suyos se pusieron el mono de trabajo y salieron a un escenario muy colorido, acorde a la estética grafitera fluorescente de su último álbum "Mylo Xyloto". Horas antes cayó el diluvio universal, acompañado de algo de granizo, y a punto estuvo de suspenderse el concierto. Pero el tiempo dio una tregua y respetó todo el espectáculo.
En medio de las miles de luces que desprendían las pulseritas que repartió la organización, sonó el primer tema de la noche: Hurts Like Heaven. Una canción muy movida del último disco que, junto a los fuegos artificiales y la expectación que había desde hacía un rato, hizo que el público comenzara a darlo todo desde el principio. Le sucedieron In My Place, uno de los grandes singles de la formación británica, y Major Minus y Lovers In Japan, dos canciones muy bailables con las que el público conseguía entrar en calor. A todo esto el líder de Coldplay daba sus características piruetas y carreras de un lado a otro del escenario.
